Cuando regresamos unos 30 años en el tiempo,
todos recordamos que ni bien pasaba el miércoles de
cuaresmas, todos lo que éramos niños o muchachos,
nos preocupábamos por conseguir nuestra cera de abeja real
(color amarillo o café , para hacer nuestras famosas tipachas, era
unos discos de aproximadamente 5 cms o mas de diámetro.
Nos preocupábamos por ir al monte conseguir
colmenas para extraer la miel y la cera con el riesgo de sufrir mas de alguna
picadura, o también en el mercado se vendía por muñequitos
de 5 a 10 centavos.
Toda la cuaresma nos juntábamos en cualquier
banqueta para jugar pero el viernes Santo nos juntábamos donde esta
el atrio de la iglesia para competir con los demás la idea era
de convencer a un oponente de ser el primero en tratar de levantar la tipacha
con otra hasta darle la vuelta por completa, muchos hacíamos una
tipacha un poco aplastada y muchas veces una bien abultada casi como
un volcán, muchas veces se recurría a cierta artimañas
como meterle una ficha dentro de la tipacha para que pesara o a veces le echábamos
brillantina para que la otra tipacha rebotaba como pelota.
En fin era un juego bastante sano que promovía la
unidad en la niñez y juventud, esta costumbre de las tipachas
ya desapareció en nuestro municipio, solo en la mente e historia de
nosotros los ochenteros que bien jugamos este juego.